Pateó Larry Vásquez, la pelota fue al fondo, lenta, mientras los corazones azules se salían. Fue el gol definitivo, el que certifica la estrella número 16 para Millonarios y desató un carnaval en la ciudad.
Bogotá tuvo un solo ruido, el ruido de campeón. «Millos, Millos, Millos», gritaron de sobre un norte, de oriente a oeste. El estadio fue el epicentro, pero el estallido fue general, colectivo, masivo.

Reacciones del nuevo título de Millonarios.
NÉSTOR GÓMEZ. EL TIEMPO.
In cada barrio de la capital estallaron los gritos, sonaron las cornetas, hubo pólvora, pitos, caravanas, gritos. Y la fiesta sigue y no para. Y el desvelo está garantizado.
Gritaban los grandes, gritaban los chicos, gritaban los abuelos. Todos a una sola voz, la de Millonarios campeón.

Momentos de fiesta que se transmitieron en el parque Simón Bolívar.
NÉSTOR GÓMEZ. EL TIEMPO.
En el parque Simón Bolívar, otro epicentro de corazón azul, hubo una fiesta comunal. Esos miles de hinchas que no pueden ver a su equipo en la cancha, lo animan a la distancia. Y con el penalti final, derramaron todas sus lágrimas alegres por esta corona.
Y en El Campín, ni hablar. El estadio fue el templo azul y blanco, el hogar de los feligreses embajadores. Allí desató una marea, un mar imponente que agitó y desbordó las tribunas.
Esos miles de fanáticos salieron del estadio con las gargantas desgarradas de tanta alegría, pero no importa, siguen gritando. Sufrieron lo que se tenía que soufrir, ahora viven su recompensa, su fiesta azul. La que no para por toda la ciudad.
PABLO ROMER
redactora de EL TIEMPO

