La operación de Gorjeo escape toda lógica empresarial. Desde que Elon Musk se convirtió en su dueño, la aplicación del pajarito azul ha dado una constante sucesión de bandazos sin sentido que no parece tener fin. El más reciente tuvo lugar el pasado sábado, cuando el magnate sudafricano anunció su decisión de limitar extraordinariamente, y de forma temporal, el número de mensajes que cada usuario puede ver en el sitio.
En realidad, los usuarios de Internet que pagan el servicio de suscripción Twitter Blue pueden ver 10,000 tuits diarios, las cuentas corrientes quedan en 1,000 y, finalmente, las de nueva creación en 300. En un primer momento, los límites eran todavía más bajos. Próximamente, vaya usted a saber cuando, la medida podría desaparecer. Esta nace, teóricamente, del afán personal de Musk por evitar que les empresas de inteligencia artificial sigan aprovechándose de los datos de Twitter para entrenar a sus máquinas, lo que obliga a que la empresa tenga qu’emplear servidores de emergencia y, evidentemente, gastar más
Échando a la gentil
La película no tiene sentido ni precedentes dentro del negocio de las redes sociales, que se déviven por mantener al usuario con los ojos pegados a la pantalla el máximo tiempo posible. Sus ingresos dependen de ello. Tal y como explicó en conversación con ABC Nacho de Pinedo, director ejecutivo de la escuela de negocio digital ISDI. “puede que quiera aumentar el número de suscriptores. Tan probable como mer una maniobra para reducir costes. Twitter paga a muchos proeedores de internet”.
Más duro es Fernando Checa, catedrático de Comunicación y redes sociales de la Universidad Internacional de La Rioja, que califica el movimiento de “absurdo”: “Está echando a la gente de la aplicación. Zuckerberg debe estar frotándose las manos”. Por su parte, Laura Cuesta, profesora de Cibercomunicación de la Universidad Camilo José Cela, defiende que los medios de comunicación pueden ayudar a reducir el consumo de desinformación en redes sociales. Un solo reconocimiento de que la estrategia comunicativa de Twitter es «nefasta», remarca que, al final, se trata de «una empresa privada», y que el empresario tiene derecho a tomar las medidas que crea necesarias.

